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¿Cómo puedes convertirte en una persona optimista para niños?

marzo 8, 2022
¿Cómo puedes convertirte en una persona optimista para niños?

Significado de niño optimista

Puedes dudar en hacer un juicio de carácter sobre alguien basándote en un primer encuentro. La mayoría de los adultos probablemente querrían ver cómo actúa un desconocido en varias circunstancias diferentes, para decidir si alguien nuevo es simpático, malo o digno de confianza.

Los niños pequeños son sorprendentemente menos cautelosos a la hora de hacer juicios de carácter. Suelen mostrar un sesgo de positividad: una tendencia a centrarse en las acciones positivas o a procesar selectivamente la información que promueve juicios positivos sobre el yo, los demás o incluso los animales y los objetos.

¿Por qué es importante que los niños vean el mundo con gafas de color de rosa? Los niños que son demasiado optimistas pueden encontrarse involuntariamente en situaciones inseguras, o pueden ser incapaces o no estar dispuestos a aprender de los comentarios constructivos. Y en una época de «noticias falsas» e innumerables fuentes de información, es más importante que nunca criar a pensadores críticos fuertes que se conviertan en adultos que tomen decisiones informadas en la vida. Los psicólogos como yo investigan este optimismo que parece surgir muy pronto en la vida para averiguar más sobre cómo funciona, y cómo y por qué acaba disminuyendo con el tiempo.

Cómo explicar el optimismo a un niño

La vida es más fácil y, en general, más agradable si se es optimista. Las investigaciones demuestran que los optimistas disfrutan de muchos beneficios para la salud y el estilo de vida, como mayores logros, mayor salud, sensación de persistencia hacia los objetivos, mayor salud emocional, mayor longevidad y menor reactividad al estrés. Por ello, los optimistas tienden a ser más felices en general. El optimismo se mide por tu estilo explicativo, o por cómo defines los acontecimientos. Ya tienes la mitad del camino recorrido si aprendes a definir los acontecimientos positivos de las tres maneras siguientes:

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Cuando ocurra algo positivo en tu vida, detente a analizar tu proceso de pensamiento por un momento. ¿Te estás dando el debido crédito por haber hecho que ocurra? Piensa en todos los puntos fuertes que posees y en las formas en que has contribuido, tanto directa como indirectamente, a que ese acontecimiento se produzca. Por ejemplo, si has aprobado un examen, no pienses sólo en lo bueno que es que te hayas preparado, sino también en el papel que han desempeñado tu inteligencia y tu dedicación.

Piensa en otras áreas de tu vida que podrían verse afectadas por este buen acontecimiento. Piensa también en cómo las fortalezas que posees y que hicieron que este buen suceso ocurriera también pueden causar otros eventos positivos en tu vida. Por ejemplo, ¿qué otras cosas buenas pueden surgir de tu inteligencia, tu dedicación y tu capacidad para preparar eficazmente las tareas?

Cómo inspirar optimismo

¿Y qué se te ocurrió? ¿Fueron sobre todo cosas positivas como: «¡Mi día va de maravilla! Mi abuela me ha hecho tortitas para desayunar. Me senté con mis amigos en el almuerzo y ¡hoy disfruté de la clase de inglés!». O tu mente se posó en lo que salió mal: «Mi abuela preparó el desayuno y se me hizo tan tarde que perdí el autobús. Mis amigos han perdido todo el tiempo de la comida cotilleando sobre un aburrido programa de televisión, y hoy he tenido clase de inglés. Odio los jueves».

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Los investigadores han dedicado mucho tiempo a estudiar a las personas que piensan de forma positiva. Resulta que una actitud optimista nos ayuda a ser más felices, tener más éxito y estar más sanos. El optimismo puede proteger contra la depresión, incluso a las personas con riesgo de padecerla. Una perspectiva optimista hace que las personas sean más resistentes al estrés. El optimismo puede incluso ayudar a las personas a vivir más tiempo.

El optimismo y el pesimismo son mentalidades, formas de pensar y ver las cosas. Los optimistas ven el lado positivo de las cosas. Esperan que las cosas salgan bien. Creen que tienen la habilidad y la capacidad de hacer que sucedan cosas buenas.

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El último post trataba de por qué los padres debemos fomentar el optimismo en nuestros hijos. En pocas palabras: existe una estrecha relación entre el grado de optimismo de los niños y su salud y felicidad, y su rendimiento académico y deportivo. Este post explica un poco más sobre lo que significa ser optimista o pesimista y para que los padres podamos fomentar mejor el optimismo en nuestros hijos.

Martin Seligman lleva décadas investigando sobre el optimismo y su libro El niño optimista es un gran recurso para los padres. Según Seligman y otros investigadores, lo optimistas o pesimistas que seamos depende de cómo expliquemos los acontecimientos de la vida, ya sean buenos o malos. Hay tres dimensiones básicas en una explicación: permanencia, omnipresencia y personalización. La manera OPTIMISTA de entender por qué sucedió algo BUENO explicaría:

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Lo contrario también es cierto cuando sucede algo malo. Una niña se tropieza en la acera y se pela la rodilla, ensuciando su vestido nuevo. El pesimista piensa: «Soy tan torpe: siempre me tropiezo en todas partes, y ahora parezco estúpida». La causa de su caída es (1) permanente: la considera un rasgo de la personalidad y, por tanto, es (2) omnipresente y (3) personal. Por otro lado, el optimista piensa: «¡Diablos! Alguien debería arreglar esa grieta en la acera». Piensa que un defecto en la acera, y no su propia torpeza inherente, fue la causa de su tropiezo. Esa grieta es (1) temporal; (2) específica de ese momento; y (3) impersonal: ella no tuvo nada que ver con ella.

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